Los emprendedores son esenciales para el bienestar de una sociedad. Personas con espíritu emprendedor resuelven problemas para ellos y los demás. Y en igualdad legal, lo realizan sin perjudicar a nadie.
En el opuesto, el espíritu burocrático resulta entorpecedor, creador y multiplicador de problemas.
En este libro se intenta explicar por qué los emprendedores son relevantes para la coordinación entre actores sociales, para la eficiencia económica y para la creación de riqueza.
En ese sentido, se considera también el vínculo estrecho entre emprendimiento e innovación. Para evitar confusiones, se estudia por qué la innovación técnica tiende a crear más empleo y a elevar los salarios reales.
Aunque empresario y emprendedor comparten características, se discuten las propuestas que intentan confrontarlos y, en ocasiones, tratarlos como opuestos. Se analiza por qué carece de sentido canonizar al emprendedor y demonizar al
empresario.
Además, se presentan casos diversos y se revisan las actitudes que la literatura específica les atribuye como rasgos destacados.
También se argumenta por qué empresario y competencia son dos lados de una misma moneda. En otros términos, se analiza por qué cerrando la competencia mediante barreras legales se termina cancelando a los emprendedores. En ese análisis se asocian competencia e igualdad ante la ley, por un lado, y monopolio y desigualdad jurídica, por otro.
Finalmente, se reconsideran las ideas alarmistas sobre el desempleo tecnológico en el marco de nuevas herramientas como la inteligencia artificial. En ese contexto, también se discute la posibilidad de reemplazar la acción descentralizada de los empresarios por alguna estructura centralizada.
En última instancia, adquiere valor el debate sobre las instituciones o reglas de convivencia social, tanto formales como culturales. Esas reglas resultan fundamentales porque inclinan el fiel de la balanza hacia la burocracia y la desigualdad o hacia la empresarialidad y la competencia. En última instancia, la calidad institucional es determinante del ahorro, la inversión, la empresarialidad de largo plazo, la productividad y los salarios reales. En otros términos, reglas de una sociedad abierta impulsan el desarrollo empresarial y la disminución de la pobreza.


