Al discutir la «planificación económica», debemos precisar con claridad el asunto a que nos referimos. La verdadera cuestión a debatir, no está en si debe, o no, haber planificación. Se trata de quién debe planificar.
Todos nosotros, como personas privadas, constantemente formulamos planes para el futuro: qué habremos de hacer el resto del día o del fin de semana; qué haremos este mes o el año próximo. Algunos planificamos, aunque de un modo más general, con anticipación de diez o veinte años.
Preparamos tales planes, tanto en nuestro carácter de consumi-dores como en el de productores. Los empleados hacen planes ya sea para permanecer donde se encuentran, para trasladarse de un punto a otro, de empresa, de ciudad, o hasta de una a otra tarea. Los empresarios hacen planes para permanecer en cierta ubicación o para mudarse a otra, para expandir o limitar sus operaciones o para interrumpir la producción de un artículo, cuya demanda, a su juicio, desaparece, y empezar la de otro, cuya demanda piensan que va en aumento.



